Frases Anónimas

En Este Mundo No Existe Ninguna Verdad Absoluta, Sin Embargo , Esto Es Algo Absolutamente Verdadero.

Que díficil es amar cuando tanto amamos y en la persona que pensamos ni en su pensamiento estamos.

Lo malo de la ignorancia es que va adquiriendo confianza a medida que se prolonga.

No és fuerte áquel quién nunca cae, sino aquel quien al caer tiene la suficiente fuerza cómo para volver a levantarse.

Siempre hay quién anda en busca de un buen amigo, pero són pocos los que procuran serlo.

Enuncia tu verdad de manera clara y serena y escucha a los demás, incluso al que crees torpe e ignorante ya que también ellos tienen su historia.

Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia.

Un amigo es alguien que lo conoce todo de ti, y sin embargo... te aprecia.

No se trata de añadir años a la vida, sino de dar vida a los años.

Lo malo de ser puntual es que llega uno a un lugar y no hay nadie allí para apreciarlo.

Ama la verdad, pero perdona el error.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Rousseau precursor de la pedagogía contemporánea



Para conocer la biografía y el pensamiento de Rousseau (1712-1778) nada mejor que leerse sus dos obras autobiográficas: las Confesiones y la Divagaciones de un paseante solitario. Rousseau, que se inscribe dentro del movimiento ilustrado y la Enciclopedia, pronto se aparta del criterio supremo de la razón y lo sustituye por el sentimiento. Esta decisión supone un giro importante en su pensamiento y el comienzo de sus contradicciones con los enciclopedistas.

Los principios rectores de su pensamiento: el sentimiento se convierte en juez del valor de la razón y deja de estar a merced del juicio que sobre él pueda formular la razón. Para Rousseau el valor de un planteamiento teórico va a residir en las consecuencias prácticas que se deriven de él, en el campo filosófico y religioso. La otra clave del pensamiento de Rousseau va a ser la coincidencia entre felicidad individual y felicidad general.

El Contrato Social pretende transformar la libertad natural en libertad cívica. Se trata de una relación idean entre cada asociado y el conjunto de los asociados, puesto que para Rousseau el único soberano es el pueblo mismo. No existen derechos anteriores al contrato, o si existen el hombre renuncia totalmente a ellos al estrechar el pacto. Todos los derechos civiles nacen del contrato mismo. El gran problema que se le plantea a Rousseau es cómo es posible educar al individuo para que piense en términos democráticos, en una sociedad no democrática. Quizás por eso se plantea educar fuera de la sociedad, para la sociedad, a su Emilio.

El gran hallazgo de Rousseau fue, sin duda alguna, entender al niño como sustancialmente distinto del adulto y sujeto a sus propias leyes de evolución. Rousseau que se manifiesta contra la educación verbalista y libresca y plantea una nueva pedagogía y una nueva filosofía de la educación basadas en los intereses y necesidades de los niños y en el desarrollo natural en libertad. Para Rousseau, el más valioso de todos los bienes es la libertad en la educación adaptada al proceso de desarrollo natural de cada educando.

Rousseau en el Emilio, y figura también un esbozo del Contrato Social, que acababa de salir a la luz, aunque en el Emilio se presentaba de próxima aparición. Emilio es una novela pedagógica que está escrita con la intención expresa de exponer en forma concreta los criterios educativos de Rousseau aplicados a un niño imaginario confiado a un preceptor. Emilio es huérfano, noble y rico, tres condiciones pensadas por Rousseau para justificar su personaje, al que se rodeará de situaciones estimulantes que le permitan educarse solo.

Al principio de Emilio Rousseau distingue tres tipos de educación: la educación de la naturaleza, la educación de las cosas y la educación de los hombres. Sólo con la combinación adecuada de todas ellas puede un individuo resultar bien educado. Pero Rousseau descarta la educación de los hombres, de hecho su alumno debe estar al margen de todo contacto social y, más aún, de toda práctica didáctica, por eso el criterio esencial es la educación negativa o método inactivo: impedir que se haga nada. La regla más importante de cualquier educación “no es ganar tiempo, sino perderlo”. Pero el método inactivo es posible porque en el niño existe un principio activo que al desplegarse da lugar a la educación natural.

El naturalismo eudemonista va unido al esfuerzo. Que Rousseau en un momento determinado apostara por el sentimiento frente a la razón no significa en ningún caso que no valorara suficientemente la importancia crucial de esta última. Aquí ocurre otro tanto, el naturalismo eudemonista es el centro de su pedagogía: hay que vivir la plenitud de la satisfacción presente. De aquí se deduce que el niño debe vivir sin preocupaciones, disfrutando de su niñez, hay que hacer hincapié en su presente y no en el futuro incierto y aún irreal. El gran móvil de naturalismo eudemonista es el interés actual.

Para Rousseau “toda enseñanza debe ser puesta al alcance de los intereses espontáneos o suscitados en el alumno”. Pero el eudemonismo no debe chocar con la necesidad de formarse para la educación a través del esfuerzo. Así el esfuerzo no sólo es incompatible con el interés sino que se convierte en un aspecto sustancial de éste. También en este nivel Rousseau se anticipa claramente a la pedagogía contemporánea más avanzada.

Aunque puedan ser muchos los autores que lleven el título de precursor, son pocos los que como Rousseau asumen con tanta plenitud la función de precursor de nuevos tiempos, de maneras distintas de concebir la educación contemporánea. Porque, como es lógico, Rousseau se basó en los conocimientos psicológicos y pedagógicos de su tiempo que conocía bien, pero no para quedarse en ellos, sino para efectuar una profunda crítica de los mismos y plantear alternativas teóricas y de aplicación práctica en la escuela. Se puede decir que Rousseau se planteaba formar un hombre nuevo para una sociedad nueva teniendo en cuenta los avances pedagógicos de los que partía.

Pero Rousseau no puede ser considerado un pedagogo comparable a Pestalozzi, Kerschensteiner o Decroly. Está más cerca de la figura de Montaigne, un filósofo que tanto influyo en Rousseau y que se planteaba también el tema educativo en sus obras pero no la práctica escolar.